Chesire

Es en la quieta oscuridad que la noche nos concede
mientras acechan los cuervos
y fluyen voces en la ciudad
como pequeñas gotas de sangre
corriendo
por las espaldas de los amantes que bailan
hasta que el sol los acompaña
cuando entre cada partícula que choca
y derrama el alcohol y las ganas
de esta noche, sí, que nos vigila
desaparece tu rostro
lentamente
con la pereza de abandonar todo los domingos
quedando los mismos restos que de un gato
con espíritus regicidas.

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