Alrededor nubes rojas, incendiadas
por el comienzo de la noche;
detrás, suena un canto,
un canto por la vida que agarramos
firme como los vasos que quedan al amanecer.

Toda una atmósfera que fluye,
que palpita como un organismo vivo y fértil
en este día que vivimos
sin pensar en el fin o en la muerte
o el crudo cemento que aguarda nuestro polvo.

Por eso, hoy, nos pondremos la camisa
y sin botones saldremos a esta combustión
que nos invoca,
vibrando nuestros cuerpos con la energía
propia de todas las estrellas,
pues esta es nuestra noche
mientras la Luna quiera,
mientras seamos jóvenes y quede en nosotros
algo de locura.

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