Acabo de caer en esta cama
Acabo de caer en esta cama
vacía
y bajo la mirada incansable
del techo blanco y roto por quienes vivieron demasiado
antes de mí
me he perdido entre cada rincón de tus caderas
que esperan agazapadas entre las sábanas
a que llegue la hora de las brujas
en esta ciudad de viento frío y solitario.
Hoy, en esta noche, me he perdido
por los temblores que la vida nos proporciona,
pero ayer, sin estar aquí,
también andaba perdido por las calles en ciudades
de bares escondidos y destrozados
que reviven al atardecer cuando el cielo rojo
imita la sangre de sus rostros.
Anduve perdido recorriendo los puentes
e iglesias y todos los vestigios de tiempos remotos,
de reyes acostándose con putas en los palacios,
de sacrificios por la libertad y sacrificios por la conciencia
y personas volando por los aires.
Anduve así mientras buscaba entre la gente
lo que el Maestro llamó: todavía.
Y es todavía el cuerpo tuyo vibrando entre mis manos
mientras en el aire se respira
el sudor y la sangre de la lidia.
Y es todavía el por qué y la propia búsqueda en el camino
aunque sea ya hoy y, frente a ti,
siga perdido y la calma se vuelva algo terrible.
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