Tamtam
Hace tanto que no me besas.
Ya han caído las crisálidas
rotas a tu paso;
mi voz sacrifica los gritos prendidos
del sudor en tu piel.
Somos un coro epidérmico de
oro desvaído
viviendo en una aurora en llamas
que provoca al son destructor
de la carne entrechocante.
Repto con palabras por toda tu conciencia,
desnuda sobre la cama
y la repuesta a mi silencio
son tactos de piel de tambor.
Ya llega la primera luz
con que se levantan los muertos,
pero no madrugues hoy, es el día
del Señor, y los cadáveres inundan
las calles.
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