Arrancar del pueblo la feliz agonía.

Queda ella;
la brecha entre los escombros
pasa fijando una voz
y se alza sobre la carne un gris casi negro.

Es una caja única de resonancia
para los ojos
que ven como perdona al horizonte
y a los últimos pero finitos
rincones del Mediterráneo.

Pero queda ella
con su silencio altivo
y en cada ojo el viento helado
de su patria,
su alma poblada de guerreras sirenáicas
abandonando a los caídos.

Quizá sea la cosificación
de los enigmas de Ulises,
trasladados hasta el aire denso y,
removido, su asiento
entrechoca con la perpendicularidad de sus vértebras.

O fue la teoría del soplo de cristal,
la deflagración es un privilegio para mortales.
O quizá solo sea el vacío de la existencia infinita
de su toque
o el fin enturbiador que cae sobre nosotros.

Comentarios

Entradas populares de este blog

*

*

Ejercicio #17