En esa misma mesa verde cuyo color recuerda al agua estancada, quizá por tantas y tantas horas de suspiros y bostezos para aplacar el placer aunque esté tres filas más atrás, hace más o menos los mismos años que nos separan como milimétricamente podemos ver que le ocurre a las vetas y a la corteza, incluso en invierno, de los árboles que ahora sujetan con filosofía tu pensamiento y que conmigo hicieron lo mismo mi cuerpo se sentó delante con paciencia, con una resignación mal entendida, con el tiempo del que tiene todo por delante. Pasaron los colores más allá de la ventana y después de amarilla como esta las hojas caye...
Comentarios
Publicar un comentario
Comentar