Susurros de mis suspiros. Genialidad.
Hoy vengo a lo que vengo, y no me voy a ir hasta conseguirlo. Hoy vengo a escribir. Por el puro placer de escribir, aunque raye el absurdo, que lo hará. Por el honor de escribir cuando el alma no quiere ni suicidarse. Por sentirme vacío de vicios y pecados. Por dejar mi mente libre, para que respire y aguante bajo los tormentos. Para ver como desde el fango puede nacer una flor. Por sentir que no hay nada perdido, solo baches que se superan. Para complacer a la inquietud del corazón, pleno de furia y asombro. Para hacer resonar el eco de mis pensamientos en las gargantas enardecidas de los fantasmas del futuro.
Y para escribir hay que tener algo sobre lo que hacerlo. Un tema. Una idea. Un sueño. Un error. O simplemente ir rasgueando el folio esperando a cada letra ver dónde nos lleva la siguiente. Ahí es cuando entramos en esa espiral de absurdeces que los necios llaman locura. A lo que los sabios llaman vida. Y a lo que tu y yo llamamos "nosotros". Ese sin fin de ideas que se superponen hoja tras hoja como si fueran los ladrillos de un edificio, que vamos construyendo todos los faltos de cordura que somos conscientes de que el espejo miente más que calla y el absurdo cóctel de estupideces formado en una submente prehumana de un fantasma puede ser más cuerdo que nuestras realidades.
Así que viendo este panorama, lo único que me planteo es si realmente vivimos de acuerdo con nuestros pensamientos o pensamos según vivimos. No lo sé. Solo sé que es imposible quererte menos que ayer y más que dentro de un rato.
Y para escribir hay que tener algo sobre lo que hacerlo. Un tema. Una idea. Un sueño. Un error. O simplemente ir rasgueando el folio esperando a cada letra ver dónde nos lleva la siguiente. Ahí es cuando entramos en esa espiral de absurdeces que los necios llaman locura. A lo que los sabios llaman vida. Y a lo que tu y yo llamamos "nosotros". Ese sin fin de ideas que se superponen hoja tras hoja como si fueran los ladrillos de un edificio, que vamos construyendo todos los faltos de cordura que somos conscientes de que el espejo miente más que calla y el absurdo cóctel de estupideces formado en una submente prehumana de un fantasma puede ser más cuerdo que nuestras realidades.
Así que viendo este panorama, lo único que me planteo es si realmente vivimos de acuerdo con nuestros pensamientos o pensamos según vivimos. No lo sé. Solo sé que es imposible quererte menos que ayer y más que dentro de un rato.
No es perfecta porque la perfección es imposible, además a mí no me gusta; pero estas palabras, sí que son buenas, muy buenas!
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