Impresiones de un soñador. Sabor a limón.

Mañana será invierno, pero hoy, todavía hoy es otoño. Es hoy el último día en el que nos hablaran de ojas caídas tapizando las calles. De la lluvia intermitente que agacha con respeto nuestros gestos. De la huida de las sombras que en el precedido verano hasta altas horas nos acompañaban, riendo cuando reíamos, llorando cuando llorábamos, sonriendo si estábamos felices. Felices sí, eran esos tiempo de juegos, sueños y alegrías que día a día se renovaban y volvían con mayor intensidad cada madrugada de la mano de un nuevo sol. Eran buenos tiempos, en los que la única preocupación era llegar a casa con el tiempo suficiente para ver el programa juvenil de las diez. Pero todo eso ya pasó, y de nada sirve anclarse en los recuerdos que, dejando a un lado los momentos en los que nos transportan a retocados idilios pasados, su única ocupación es torturarnos recordándonos nuestros errores.




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