Impresiones de un soñador. Al son de un triste swin.
Do. Mi. Sol. Si. Do, Re. Do. Ochenta. Cien. Ciento veinte. Más rápido. Hasta llegar al funeral del ritmo en la punta de mis dedos. Hay que controlar la fuerza impresa en el sentimiento que vomita mi mano sobre la garganta que solo grita si se aprieta, queriendo yo cerrar la mía en el interior de mis cordones, por no entorpecer a lo invisible que persigue ilusiones en mi mente.
Negra. Corchea. Fusa. Y mil más, por si quedan ganas. Improviso con el pensamiento mientras toco, por contrastar, con mis manos. Fugaces, quiero que sean, para poder reventar las moscar de mi deseo a cañonazos de sonidos. Quiero hacer ruido, o música, lo mismo me da mientras suene con más potencia que los chillidos del alma que rasguean mis tímpanos como en un concierto de rock duro. Pretendo enfrentar mi mente y mi escasa habilidad en este duelo de talentos por la supervivencia, y que salga del combate, victoriosa, la mano ágil, oprimiendo y escurriendo resecas lágrimas de mi corazón, que se marchita y florece en un instante, para morir en el siguiente y resucitar en el tercer movimiento, entre apoteósicos acordes de esperanza y tentación. Más fuertes que en los anteriores compases para resistir mejor las apoyaturas de la cansada tristeza. Y una vez haya perdido, desde su máxima altura alcanzada, se destruirá con estrépito en el impresionante final, en el calderón de mi amor triste y que no muere, en el golpe de gracia de esta vida, en el último aliento del suspiro, terminando en mi cabeza el asesinato en aquella sinfonía del pasado tan presente.
Negra. Corchea. Fusa. Y mil más, por si quedan ganas. Improviso con el pensamiento mientras toco, por contrastar, con mis manos. Fugaces, quiero que sean, para poder reventar las moscar de mi deseo a cañonazos de sonidos. Quiero hacer ruido, o música, lo mismo me da mientras suene con más potencia que los chillidos del alma que rasguean mis tímpanos como en un concierto de rock duro. Pretendo enfrentar mi mente y mi escasa habilidad en este duelo de talentos por la supervivencia, y que salga del combate, victoriosa, la mano ágil, oprimiendo y escurriendo resecas lágrimas de mi corazón, que se marchita y florece en un instante, para morir en el siguiente y resucitar en el tercer movimiento, entre apoteósicos acordes de esperanza y tentación. Más fuertes que en los anteriores compases para resistir mejor las apoyaturas de la cansada tristeza. Y una vez haya perdido, desde su máxima altura alcanzada, se destruirá con estrépito en el impresionante final, en el calderón de mi amor triste y que no muere, en el golpe de gracia de esta vida, en el último aliento del suspiro, terminando en mi cabeza el asesinato en aquella sinfonía del pasado tan presente.
el que me quede :D hhihihih besitos te quiero
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