Filosofía de una cerilla. Amistad versificada.
Amigos, hoy, como cambio en mi costumbre, no voy a publicar algo que yo haya escrito, si no algo que alguién escribió desde algún sitio pensando en mi. Por respetar privacidades tantas veces criticadas en internet, solo diré que es una amiga, a la que creí perdida, y que me alegra haberme contradecido a mi mismo, pues pienso que hacen falta personas como tú, si la autora de los versos siguientes está leyendo esto. Y me alegra haberte conocido de nuevo, tan viva y lúcida, como de ninguna otra forma concebí anteriormente.
Que si salen los torrentes
de palabras, pues que salgan.
Mas quién decidad leerlo
será factor importante
él si en verdad quiere entenderlo.
Que quien lea estas palabras
podrá ver las consonantes,
más difícilmente sentirá
el dolor de las vocales,
el amor de los acentos,
de los puntos las verdades.
Y que a buen entendedor
pocas palabras bastan,
por eso si me das muchas
siento tu mano escribiendo,
siento como se gasta.
Hago propia tu razón
y complicidad infinita.
Admiro tu talento,
tu rosa que no marchita,
y admiro tu pasión,
sentencia que no castiga.
Que si salen los torrentes
de palabras, pues que salgan.
Mas quién decidad leerlo
será factor importante
él si en verdad quiere entenderlo.
Que quien lea estas palabras
podrá ver las consonantes,
más difícilmente sentirá
el dolor de las vocales,
el amor de los acentos,
de los puntos las verdades.
Y que a buen entendedor
pocas palabras bastan,
por eso si me das muchas
siento tu mano escribiendo,
siento como se gasta.
Hago propia tu razón
y complicidad infinita.
Admiro tu talento,
tu rosa que no marchita,
y admiro tu pasión,
sentencia que no castiga.
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