Impresiones de un soñador. Principessa

Se erige ante mi una larga barrera castaña e inquebrantable. Guardiana y protectora de tus finos rasgos y las sútiles facciones de tu rostro. Acaparan con egoísmo y avaricia la luminosidad de tu sonrisa. Y el esplendor de tus ojos es ocultado por tus dormidos párpados, que ante mi envite se cierran con sueño. Diriges tu mirada hacia otro lado y me privas a su vez del placer de ver el reflejo de mis ojos en tus ojos reflejados. Y no solo te contentas con arrebatarme los pequeños, pero muy importantes, detalles que una vez tras otra me incitan a volver a intentar ganarte la mano. No, no es suficiente. Tienes que eregirme como perdedor antes de jugar la partida en la que tu saldrás victoriosa; perseguido, antes de emprender la huida de tu cautivadora mirada; cautivo, antes de firmar con un beso mi condena. Y así estoy, rendido ya, ante la calidez de tus labios. Ante tu terso rostro de luminosidad y deseo. Frente a la más dulce y feliz prisión que jamás ningún hombre halló en la Tierra, ni fuera de ella. Así que, viendo el panorama y el grandioso paisaje que me espera, desde la delicada Italia me despido con palabras del la tierra: "Ciao, mi piccola principessa bella".

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